El sabor imprescindible de Lisboa: el Monasterio de los Jerónimos

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Monasterio de los Jerónimos, Lisboa

En unas votaciones mundiales por la ciudad más romántica del mundo, todas las villas terminarían rendidas a los pies del corazón de Lisboa. Alfama, Bairro Alto, Almada, Chiado, el Castelo de Sao Jorge, la Torre de Belem, el elevador de Santa Justa, la praça do Comercio, el triquitraque de un travía caracoleando loma arriba, el mirador de Graça, el Rossio, el Casi de Sodré, el aire del Tajo, el aroma a mar y la vista perdida hacia el océano abierto al que cantaron los grandes poetas portugueses. Pero si de todos los rincones lisboetas, tuviéramos tiempo para visitar sólo uno, nos dirigiríamos sin dudarlo un instante hacia el estuario donde el río se abre al océano para encontrarnos frente a frente con el majestuoso Monasterio de los Jerónimos.

Y es que en los Jerónimos está escrita la historia y el sentimiento de todo un país, el afán de los portugueses por la navegación, por explorar el más allá, sus saberes náuticos, sus capacidades comerciales. Todo, todo lo que es Portugal, está de algún momdo en las piedras de los Jerónimos. Fue levantado piedra a piedra con granos de pimienta y canela. Es decir, financiado con todos los beneficios que la corte de Don Manuel obtenía gracias al comercio de la pimienta y la canela que su flota traía de las Molucas, de Sumatra y de Siam. Don Manuel inició la construcción del templo en 1502, coincidiendo con el regreso de Vasco de Gama de las Indias. Se había abierto una nueva ruta comercial que iba a revolucionar no sólo Portugal, sino el mundo entero.

Quizá, lo más espectacular de los Jerónimos es ese entramado de líneas manuelinas que inundan la miríada de bóvedas de todo el conjunto. Es una arquitectura espectacular que deja ver su carcasa a los visitantes, como si se tratara de cartas náuticas, de rutas marinas a través de los océanos dibujadas en lo alto del firmamento portugués.

Los Jerónimos es también Camôes. Ahí, junto a los restos de Vasco de Gama, está enterrado el gran poeta portugués. La fachada de los Jerónimos desglosa los personajes de Os Lusiadas como si fuesen las páginas de un libro, del libro, de su libro hecho piedra. ¿Y a usted? ¿Qué es lo que más le fascina del monsaterio más bello del mundo?

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